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Experimenta la serenidad de una vida contemplativa en la naturaleza convirtiéndote virtualmente en el escritor Henry David Thoreau

Walden, el texto central de la obra de Henry David Thoreau, como un videojuego podría parecer un oxímoron. Los videojuegos parecen ser lo contrario a la vida que se postula en este libro. En Walden, Thoreau narra los 2 años que pasó en el bosque en Nueva Inglaterra, viviendo una vida contemplativa a un lado del estanque Walden. Thoreau construyó su propia cabaña y vivió de la naturaleza (de la cual no sólo se alimentó naturalmente sino que comulgó espiritualmente con ella).

Una vida sencilla, reflexiva, lejos de la civilización... y quizás por todo esto es que resulta tan atractivo un videojuego sobre Walden. Si bien nunca podrá sustituir el hecho de retirarse a la naturaleza, al menos es una forma de hacer reflexionar a las personas que juegan videojuegos y quizás poner una semilla para el futuro.

Walden, el videojuego, es un proyecto del USC Game Innovation Lab y en él los usuarios se convierten en Thoreau en su primer día en el bosque; sobreviven recolectando comida, pescando y construyendo una cabaña, pero también encontrando significado en la armonía y belleza de la naturaleza. Dentro de la floresta se encuentran citas del texto de Thoreau que parecen cobrar vida. Los usuarios pueden vivir algunos de los eventos centrales de la vida de Thoreau, como pasar una noche en la cárcel por negarse a pagar impuestos como protesta o visitar a Ralph Waldo Emerson, el gran platónico estadounidense que fue uno de los mentores de Thoreau. Incluso pueden elegir abandonar esta vida sencilla y buscar una vida más activa y decadente, y escribir a su editor que quieren que les consiga ponencias públicas.

Este videojuego se suma a una reciente ola de juegos que muestran una veta poética (y que se alejan de los lugares comunes de esta forma de entretenimiento) que puede tener un aspecto más educativo y creativo, como es el caso de Elegy for a Dead World, un videojuego basado en la obra de Shelley, Byron y Keats, en el que los usuarios responden a sucesos apocalípticos escribiendo versos o historias.

Facebook se beneficia de la información de todos sus usuarios creando la ilusión de que es gratis

Cuando Facebook hizo sus acciones públicas, recibió una valuación de 270 mil millones de dólares pese a que sólo ingresaba 3 millones al año en ese momento. Esta valuación estaba basada fundamentalmente en la noción de que Facebook tenía tantos datos de sus usuarios que eventualmente encontraría la forma de obtener ganancias. Se decía que estaba sentado sobre un Fort Knox virtual.

El escritor Tim Wu señala que la verdadera innovación de Facebook no es su red social en sí misma, sino la creación de “una herramienta que convenció a cientos de millones de personas a que le dieran tanta información personal a cambio de tan poco”. Lo que significa que Facebook está alimentado por una oportunidad de arbitraje, esto es, “la diferencia entre cuánto Facebook recibe, y lo que cuesta simplemente proveer un lugar para socializar”. Es decir, estamos en la parte perdedora del trato, por lo cual resulta lógico pensar que Facebook nos debería estar pagando por nuestra información.  

Wu mantiene que el éxito de Facebook yace en que nos hace pensar que es un servicio gratis, y todos sabemos lo que genera la sensación de tener algo gratis en este mundo. Aparentemente uno no está entregando nada; este proceso de darle nuestra información y lo que hace con ella no es conspicuo. A diferencia de darle 100 dólares a alguien, al darle nuestra información a Facebook no somos más pobres que antes.

El analista y pionero de la realidad virtual Jaron Lanier compara esto con el trabajo. Uno no es más pobre al entregar una labor, pero sabemos que tiene un valor. Esto es equivalente a la información. No perdemos algo material fácil de cuantificar cuando la entregamos, pero ésta tiene una valor inherente y cuando “miles de millones de personas la entregan a unas pocas compañías, el efecto es una gigantesca transferencia de riqueza de los muchos a los pocos”, dice Wu. 

Entregar nuestra información a las grandes compañías hace que el mundo entero se vuelva “más comercialmente personalizado. Se vuelve más difícil ignorar anuncios o intrusiones”. Nos volvemos más vulnerables al mundo externo que nos conoce en algunos aspectos mejor que nosotros mismos y que está desarrollando constantemente herramientas para captar nuestra atención y predecir nuestro comportamiento. No sólo Facebook debería pagarnos, es nuestro deber exigir algo más sustancial por lo que estamos dándole. Nuestra información está ayudando a crear esta gran pecera digital que hace que el mundo se parezca en su totalidad a un supermercado —y que pronto podría tomar la forma de uno de esos enormes centros comerciales abandonados.