*

X

Las decisiones trascendentales se toman sin pensar, según la filósofa L. A. Paul

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 09/19/2017

Para la pionera en el estudio de experiencias transformadoras, las decisiones que no somos capaces de evaluar ni poner en perspectiva en función de su peso en el futuro, son las que cambian desde la raíz a las personas

Decidir una carrera profesional en otro país, compartir la vida en pareja, cambiar de trabajo, adoptar a una mascota de alguna perrera o de la calle, decidir tener un bebé, son una serie de acciones que requieren una larga y profunda reflexión antes de accionar, para poder cumplir el objetivo. La mayoría de estas decisiones las tomamos ponderando sus pros y contras, proyectando a futuro  nuestro self en escenarios positivos o negativos, y reduciendo las posibilidades de pasar un mal momento. Sin embargo, de acuerdo con la filósofa L. A. Paul de la Universidad del Norte de Carolina, en EEUU, no poseemos el suficiente raciocinio para tomar aquellas decisiones con la capacidad de transformar nuestra esencia.

Para la pionera en el estudio de experiencias transformadoras, las decisiones que no somos capaces de evaluar ni poner en perspectiva en función de su peso en el futuro, son las que cambian desde la raíz a las personas. Ella explica que aunque se posean los argumentos para decidir no tener un hijo en este momento, tampoco se puede saber si el yo-del-futuro disfrutará ser padre o no.

Si bien este proceso racional-emocional no está del todo aceptado por las grandes academias filosóficas, para Paul queda claro que puede existir un vacío de raciocinio en el proceso de la toma de decisiones sobre experiencias transformadoras. Esta idea se germinó durante la crianza de sus hijos: ella se dio cuenta de que, como la mayoría de los padres, sus preferencias en general habían cambiado y estaba dispuesta a sacrificarse por alguien más: sus hijos. En sus palabras:

Una de las características más profundas e importantes de ser un padre –el instinto paternal– es epistemológicamente inaccesible. Existe una manera en que yo soy una persona diferente. Soy metafísicamente hablando la misma persona pero soy un self diferente.

Surgen distintas experiencias transformadoras a lo largo de la vida, aquellas que promueven una transformación epistemológica y personal, tales como el consumo de drogas, ir a una guerra, matar a alguien, renacer espiritualmente, tener un accidente físico grave, entre otras. De modo que cuando se enfrenta una decisión que derivará en una experiencia transformadora, lo que sucederá es que estaremos conscientes de que:

Vamos a cambiar lo que somos; sin embargo, no sabemos cuál de las opciones que tenemos nos proveerá una mejor vida. En cada vida, desarrollarás valores sobre la manera de vivir. No puedes decidir proyectándote a ti mismo en un yo-del-futuro suponiendo cómo será o cómo se querría que fuera. No es sólo racional.

Para justificar su teoría Paul cubre la filosofía continental, la cual retoma casi 2 mil años del pensamiento de Platón, Aristóteles, Nietzsche y Sartre. Esto, a diferencia de la filosofía analítica, no se enfoca tan sólo en la lógica y el pensamiento, sino en las preguntas que parecen no poseer una respuesta. De modo que al combinar el rigor de la filosofía analítica, la filósofa pretende retomar tópicos realmente profundos. Pese a que los filósofos de la actualidad no están aceptando  su trabajo, pues “hablar al respecto no es algo que los filósofos serios hacen, [porque] nosotros no hablamos de bebés”, para ella el pensamiento filosóficamente de adulto que atravesó por esa experiencia, el modelo de la toma de decisión tenía “cierta estructura que necesitaba ser explorada”. Mientras tanto, Paul está segura de que las decisiones que más impactan en nuestra esencia son las que se toman sin pensar, sin analizar, sin más: por sí solas.

Tolstói sobre el amor: ¿Cuánto se debe amar a una persona?

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 09/19/2017

"¿A quién debería amar más y hacia quién debería dirigir mis actos de bienestar–a mi esposa o a mis hijos–, a mi esposa e hijos, o a mis amigos?"

Conocido por sus obras Guerra y Paz y Ana Karenina, León Tolstói fue uno de los principales promotores tanto del realismo ruso como de la “no violencia activa”. Para él, nacido en la comodidad de la aristocracia rusa y fallecido en el desprendimiento de todo bien material, “la práctica de la violencia no es compatible con el amor como ley fundamental de la vida”.

Para él, el amor es comúnmente malinterpretado. En su libro On life (1888), Tolstói examina las principales creencias irracionales del amor; por ejemplo, considera que “el conocimiento confuso del hombre” ha provocado que crea que “en el amor se encuentra el remedio para todos los misterios de la vida”. Pues según él, “el amor, en su sentido más grandioso, nunca es un juego en donde nos extendemos hacia un ser a expensas de un otro”. Sin embargo, ¿qué es el amor?

Tolstói expresa que “cada hombre conoce que en el sentimiento de amor hay algo especial, capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre un bienestar completo, el esfuerzo que constituye la vida”. Sin embargo, la definición pura del amor sólo llega a las personas que a su vez son capaces de entender la vida. Para estos hombres, según el ruso:

el amor aparece no sólo como la única y legítima manifestación de la vida, como la conciencia razonable, pero sólo como una de las miles de diferentes eventualidades de la vida; como una de las miles de las varias fases por las que atraviesa un hombre durante su existencia.

Es decir, que si bien es una actividad que “ofrece tantas dificultades pues sus manifestaciones se pueden convertir en dolorosas y en ocasiones en imposibles”, debe experimentarse sin razonarla porque “todo razonamiento sobre el amor lo destruye”. Especialmente porque las personas “que  han usado ya su raciocinio para entender la vida y han renunciado al bienestar de la existencia individual, pueden entender al amor”. No obstante:

aquellos que no han entendido la vida y que existen por el bienestar de una individualidad animal, no pueden evitar razonar sobre el amor. Necesitan una razón para ser capaces de entregarse a este sentimiento que llaman amor. Cada manifestación de este sentimiento es imposible para ellos, sin razonar, y sin resolver preguntas sin respuestas.

El humano, al enfrentarse a la paradoja central de reconciliación con su inherente solipsismo con el Ethos del amor universal, necesita contemplar lo siguiente:

En realidad cada hombre prefiere su propio niño, esposa, amigos, país, en lugar de los niños, esposas, amigos y países de otros, y a eso es a lo que le llama amor. Este amor significa en general hacer bien. Es por lo tanto lo que todos entendemos como amor, y no sabemos cómo comprenderlo de otra manera. Por ello, cuando amo a mi niño, mi esposa, mi país, quiero decir que deseo el bienestar a mi hijo, esposa y país más que el de otros niños, mujeres y países. No sucede, y nunca podrá suceder, que yo ame sólo a mi hijo, esposa y país. Cada hombre ama al mismo tiempo a su hijo, esposa, país, y hombre en general. No obstante, las condiciones del bienestar que desea para los distintos seres amados, en virtud de su amor, se encuentran íntimamente conectadas, tanto que cada acto de amor para cada uno de estos seres amados no sólo disminuirá los actos de amor hacia los otros, también será perjudicial para ellos.

[…] ¿En el nombre de qué tipo de amor debería actuar y cómo debería actuar? ¿En nombre de qué tipo de amor debería sacrificar otro amor? ¿A quién debería amar más y hacia quién debería dirigir mis actos de bienestar –a mi esposa o a mis hijos–, a mi esposa e hijos, o a mis amigos? ¿Cómo debo servir a un país tan amado sin dañar el amor que tengo a mi esposa, hijos y amigos?

Finalmente, ¿cómo debo resolver este problema, dosificar el sacrificio de mi propia individualidad, el cual es necesario para servir a los otros? ¿Hasta qué grado puedo ocuparme a mí mismo con mis propios asuntos y aun así ser capaz de servir a aquellas personas que amo? Todas estas preguntas parecen ser simples para las personas que no han tratando de explicar este sentimiento que llaman amor –pero, más allá de simples, son realmente imposibles de resolver.

De modo que para enfrentar estas preguntas sin respuesta, Tolstói sugiere tomar conciencia y, finalmente, aceptar que el amor es vasto y diverso, que existen diferentes tipos de amor y que para vivirlo se requiere un estado activo del ser:

Las demandas del amor son tantas, y todas están tan entretejidas, que la satisfacción de las demandas de algunas privan al hombre de la posibilidad de satisfacer otras. Pero si admito que no puedo vestir a un niño entumecido por el frío, con la pretensión de que mis hijos un día necesitarán ropa provista por mí, puedo también resistir a otras demandas de amor en nombre de mis futuros hijos.

[…]

Si un hombre decide que lo mejor para él es resistir a las demandas de un amor débil, en nombre del otro y de una manifestación a futuro, necesita comprender que tanto puede decepcionarse a sí mismo o a otras personas, como amarse a nadie más que a sí mismo sobre todas las cosas.

El amor a futuro no existe. El amor es sólo una actividad en el presente. El hombre que no manifiesta el amor en el presente, no posee amor realmente.