*

X

Mujer pidió a Tinder la información personal recabada por la app y recibió un expediente de 800 páginas

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 09/26/2017

Los datos que las apps y otras plataformas digitales recaban de sus usuarios son mucho más precisos de lo que imaginamos

Si es posible decir que Internet ha revolucionado nuestras vidas, no menos cierto es que Internet mismo ha cambiado notablemente su forma y su funcionamiento en los últimos años, sobre todo en comparación con los propósitos con los cuales se originó. 

Quien haya vivido aquella época de la red quizá recuerde las intenciones humanistas y enciclopédicas que acompañaban al proyecto. De Wikipedia al papel de las redes sociales en la Primavera Árabe (que ahora parece tan lejana y tan irrepetible), Internet estaba alentado en aquellos días por los principios del libre flujo de información, el código abierto, el contenido generado por el usuario e incluso otros un tanto más utópicos como la solidaridad, la difusión del conocimiento, la transformación de las sociedades y más.

Algo pasó, sin embargo, que puso fin a ese sueño. Con los años Internet parece ocupar cada vez más el lugar en donde antes reinaba soberana la televisión, un medio que se creía distinto porque estaba sostenido sobre todo en el consumo pasivo de los contenidos pero que, ahora, comparte con mucho de lo que sucede en Internet la misma característica. Adormecidos por el entretenimiento, millones de internautas han sido encaminados poco a poco a únicamente consumir lo que aparece en sus pantallas.

Este cambio sustancial en la estructura de la red no puede explicarse sin tomar en cuenta un elemento fundamental: la información que, gracias a la tecnología por la cual accedemos a la red, es posible recabar de cada usuario. Basta tener un perfil de Facebook y pasar unos cuantos minutos navegando para que dicha empresa tenga un perfil más o menos preciso de su usuario, desde el nombre y el lugar donde vive hasta los amigos con quienes más se relaciona o los productos de consumo en los que está interesado. Y claro, conforme más tiempo transcurra, más exacta se vuelve esa información.

De ahí el interés de empresas como Facebook porque estemos en su plataforma el mayor tiempo posible. De ahí también las formas --que intentan ser cada vez más novedosas-- de mantenernos conectados a la red, sea con juegos, con música o, como sucede con Tinder, con la promesa de “hacer match” con otra persona.

En el periódico inglés The Guardian, Judith Duportail publicó los resultados de un ejercicio interesantísimo que revela la magnitud que, en nuestra época, ha alcanzado dicha recopilación de datos personales que realizan las plataformas digitales de acceso masivo.

Duportail escribió a Tinder para solicitar toda la información que sobre ella había recabado la app. La periodista pudo hacer esto porque en la Unión Europea existe una ley que permite a los ciudadanos hacer una petición de ese tipo, una vez al año, a determinadas empresas. Cabe mencionar asimismo que Duportail contó con la asesoría de la organización personaldata.io y Ravi Naik, abogado especializado en derechos humanos.

Para su sorpresa, Duportail recibió un documento de 800 páginas. Según escribe, la periodista comenzó a usar Tinder en 2013, la ha utilizado en 920 ocasiones, de las cuales resultaron 870 encuentros con igual número de personas. 

De esos años y esa actividad se derivó un expediente en donde la periodista encontró los likes que había dado en Facebook, fotografías tomadas de su perfil de Instagram, detalles sobre su formación escolar, el rango de edad de los hombres en los que se interesó, cuántas veces se conectó a la app, cuándo y dónde sostuvo conversaciones en línea a través de la app con otras personas, lugares en donde había estado, sus gustos e intereses, los trabajos que había tenido, la música que había escuchado, los restaurantes adonde había acudido a comer, su historial de mensajes (y con ellos sus “miedos, preferencias sexuales y secretos más profundos”, según escribe) y más, mucho más. 

¿Cuál es el fin de semejante operación? Paradójicamente, no es nada secreto. De hecho, está expuesto en el mejor lugar para que nadie nunca lo vea ni se pregunte por él: los términos y condiciones de uso de la app. En el caso de Tinder es claro: utilizar la información personal para dirigir publicidad especifica al usuario.

De acuerdo con Alessandro Acquisti, profesor de información y tecnología en la Universidad Carnegie Mellon, el algoritmo de la app está diseñado para conocer el comportamiento del usuario: los momentos en que se conecta, los individuos con los que hace “match” (y viceversa), el origen racial de éstos, las palabras que más se emplean en las conversaciones, cuánto tiempo transcurre una persona mirando la fotografía de otra antes de descartarla, etc. Al respecto, Acquisti hace una afirmación un tanto perturbadora: “la información personal es el combustible de la economía”.

El ejercicio de Duportail es una prueba de ello. Si Internet cambió radicalmente su manera de operar se explica, en buena medida, por la ambición que se impuso sobre un ambiente que consideró virgen, carente de explotación. En el modelo económico en que vivimos, sin embargo, ese estado es inadmisible, y como si se tratase de una selva o un bosque, no pasó mucho tiempo antes de que unas cuantas personas se preguntaran cómo capitalizar la actividad incesante que millones de personas sostenemos cotidianamente en la red. Y la respuesta está expresada parcialmente en ese expediente de 800 páginas. 

Quizá, para tener la respuesta completa, sería necesario conocer el camino que ha seguido esa información en todos estos años.

Hay 4 tipos de usuarios fundamentales de Facebook, según una investigación

Facebook se ha convertido en la pecera digital del mundo, los usuarios nadando en mares de data a los cuales contribuyen y la red social los capitaliza. Aunque todos somos partes de esta mezcla de laboratorio social con bolsa de valores, existen cuatro grandes tipos de usuarios, según un estudio reciente publicado en el Journal of Virtual Communities and Social Networking y realizado por investigadores de Brigham Young.

Los cuatro tipos de usuarios son: los que construyen relaciones, los compradores de aparador (window-shoppers), los voceadores (town-criers) y los selfies. En la investigación se realizaron cuestionarios con una metodología estadística para conocer la forma en la que los usuarios interactúan y perciben FB.

 

Constructores de relaciones

Estos usuarios usan FB como antes se usaba el correo y los teléfonos fijos, para robustecer sus relaciones. Creen que Facebook les permite expresar el amor que sienten por su familia y amigos y experimentar el amor que éstos les expresan. En cierta forma estos usuarios no están tan conscientes de la inmensidad de Facebook, sino que lo viven como un pequeño nodo de relaciones íntimas. Suelen postear abundantemente, taggear y comentar, como sintiéndose en la comodidad de una relación familiar. Quizás habría que describirlos como los que mantienen sus relaciones, no sólo las construyen.

 

Compradores de aparadores

Estos usuarios se sienten obligados a estar en Facebook como algo inescapable, puesto que todos están allí, pero no suelen participar mucho. Son un tanto voyeristas, en el sentido de que llegan a usar la red social para analizar a personas que les interesan pero no lo harán de forma explícita. Son como las personas que no entran a los lugares, sino que miran desde la distancia.

 

Voceadores

Como los voceadores de diarios en las calles, estos usuarios suelen compartir información, especialmente links de noticias y memes, pero no tanto su información personal. Usan Facebook como un medio para publicar noticias e influir, pero prefieren realizar sus comunicaciones personales de manera privada.

 

Selfies

Este grupo está identificado con el fenómeno narcisista que existe abundantemente en redes sociales. Son personas que buscan llamar la atención y validar sus propias personalidades. También usan Facebook para construir relaciones, pero desde esta necesidad de validación y desde la posibilidad de editar sus propias vidas y su personalidad para volverse populares. Viven de likes y están constantemente checando notificaciones, las cuales los vitalizan, entregándoles su dosis de dopamina.