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Bija mantras: estos son los sonidos que activan y armonizan cada chakra

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/17/2017

Utiliza estos sonidos para obtener el poder de cada uno de los 5 elementos, sanar ciertas zonas del cuerpo, sus padecimientos asociados y activar cada chakra. Aquí una meditación que ha sido practicada por más de mil años en las tradiciones tántricas

Las grandes religiones de la India comparten la noción de que el universo tiene su origen en el sonido. La creatividad misma del universo es sonido o vibración y este sonido primordial es lo que da a luz literalmente a los mundos y a los cuerpos materiales que experimentamos. En otras tradiciones también tenemos esta noción del sonido y las letras como principios creativos -la palabra o Logos que se menciona en la Biblia y las letras en las cuales la luz de Ein Sof se cristaliza, formando el universo en la cábala, por sólo citar dos conocidos ejemplos entre muchos más.

El sonido primordial para las tradiciones que se desprenden de los Vedas es OM. Son numerosos los Upanishads que igualan a la sílaba OM con el Brahman, lo Absoluto, aquello de lo cual el universo surge (no confundirse con la deidad Brahma). OM es superior a los dioses -se dice que es el sol de los dioses- y es la forma sonora o vibratoria de lo absoluto. En sánscrito se utiliza la palabra "pranava" para referirse a OM. Esta palabra puede interpretarse de formas diversas; por una parte hace referencia a un sonido o alabanza (vía la raíz nu) previa (pra) a algo, tal vez al sonido previo a la manifestación del cosmos, y por otra parte una interpretación hierática se encuentra en el Athatvashikha Upanishad: "Aquello que causa que los pranas se postren, se fusionen con el Paramatman (el Ser Universal) y se identifiquen con Él, eso es pranava". Los pranas son las energías o vientos que construyen el cosmos material, tanto en términos macrocósmicos como microcósmicos, ya que construyen también el cuerpo humano a partir de la energía que codifica karma.

La sílba OM es considerada la madre de todas las sílabas semilla o bija mantras, estos son mantras que captan la forma o energía de un dios o un poder en una sílaba. Son la base de la economía mágica de diversas tradiciones, especialmente importantes en las tradiciones tántricas, entre las cuales se incluye también el budismo tibetano (que toma sus mantras del sánscrito). Se dice que un mantra es el avatar sonoro de una divinidad, esto es, su manifestación o potencia en el mundo. El académico Guy Beck escribe en su libro Sonic Theology:

la forma en la que el adepto utiliza las fuerzas creativas del lenguaje es a través de la ciencia del mantra, la cual goza de un estatus único en el tantrismo... un mantra tántrico es una forma compacta del dios o del poder que 'es' en esencia... Se cree que los mantras crean su propio tipo de resonancia en el espacio, en la dimensión del sonido sutil o vibración, llamada Nada. Ya que se considera que todo en la creación es una compleja red de resonancia, el usuario del mantra está consciente del inmenso poder a su disposición.

La sílabas semilla no significan algo, no son signos de algo más, son en sí mismas lo que nombran. La sílaba para fuego, por ejemplo, Ram, es el fuego mismo, tanto en su aspecto concreto como en su aspecto arquetípico -merece repetirse: no es el sonido del fuego, es el fuego. Así, algunos adeptos mantienen que repetir esta sílaba puede no sólo producir el calor o la energía purificadora del fuego, puede generar la aparición material del elemento fuego (un pequeño incendio de la palabra) -esto, sin embargo, requiere la concentración del yogui, el tapas, el samadhi. Es en este sentido también que estas sílabas son llamadas semillas: tienen el poder de hacer germinar la fuerza que llaman. Como escribió el etnobotánico y psiconauta Terence McKenna: "El verdadero secreto de la magia es que el mundo está hecho de palabras. Y si conoces las palabras de las cuales está hecho el mundo, puedes hacer con él lo que quieras".

Existen diversos bija mantras. Unos son los llamados shakti mantras (Hrim, Aim, Klim, Hum, Shrim, etc.), los cuales mueven o controlan diferentes energías (de sanación, sexual, creatividad y demás), ligados también a diferentes dioses. En este caso lo que nos interesa son los bija mantras de los elementos; éstos son sílabas formadas con las semivocales del sánscrito, el lenguaje que es considerado perfecto, en el cual los sonidos corresponden a la esencia de las cosas y no son designaciones arbitrarias. Sonidos o letras que fueron escuchadas por los sabios védicos, los rishis. Hay que mencionar que la tradición tántrica que adora a la diosa Kubijika (una secta altamente esotérica) utiliza otras sílabas (las cinco pranavas) ligadas a los elementos.

Las sílabas o mantras de los elementos son:

Lam -tierra (prithivi) zona genital, primer chakra, color amarillo

Vam -agua (apas) ombligo, segundo chakra, color blanco

Ram -fuego (agni) plexo solar, tercer chakra, color rojo

Yam -aire (vayu) corazón, cuarto chakra, color verde o negro

Ham -espacio (akasha) garganta, quinto chakra, color azul

Cuatro de estas sílabas corresponden a una semivocal del sánscrito; éstas son letras que conectan lo inmanifiesto con lo manifiesto, o lo que antecede a la creación con la creación, como sílabas bisagras entre lo espiritual y lo material y, tal vez, de ahí el poder de transformar la realidad y materializar la energía o el deseo. Las vocales son algo así como la energía primordial y las consonantes son los componentes aglutinantes con los que esta energía construye el mundo -como punto de enlace o vaso comunicante se encuentran las semivocales, las cuales corresponden a los elementos, que son la primera configuración de la energía informe como forma material o lo primero que surge del sonido creativo. 

La primera asociación entre estos sonidos y los chakras que se conoce aparece en uno de los llamados Yoga-Upanishads, el Yoga Tattva Upanishad, donde se recomienda meditar sobre estos cinco sonidos en relación a los cinco elementos, una deidad, un color y una forma geométrica. Practicar esta meditación, se dice, permite alcanzar el siddhi o poder de cada uno de estos elementos y, finalmente, un estado que trasciende la muerte. El texto señala que se debe meditar en el elemento tierra con la forma de un cuadrado dorado y el dios Brahma; en el caso de agua una medialuna, el color blanco y la deidad Narayana; el fuego es regido por Rudra, un triángulo y el color rojo; aire o viento por una forma hexagonal de color negro y contemplar a Ishvara; el espacio tiene la forma de un punto o gota (bindu) y corresponde a Shiva (el texto no menciona color, habla de un brillo puro como un cristal). Algunas de las formas y colores que el texto menciona no coinciden completamente con la forma que se enseña esta práctica en el hatha yoga, donde generalmente se utiliza el verde para el aire y el azul para el espacio. Igualmente, las regiones del cuerpo que el texto atribuye a cada elemento no son exactamente las mismas.

La práctica más o menos estandarizada en el yoga moderno actualmente consiste en recitar cada una de las sílabas semilla y visualizar el color y la forma en el chakra asociado (generalmente, se ha eliminado a los dioses particulares; en las diversas escuelas tántricas se entonan las sílabas semilla y se visualiza a la deidad correspondiente emerger de la forma y el sonido de la sílaba). Comúnmente, se toma cierto tiempo en cada chakra y al alcanzar el sexto y séptimo chakra se canta OM. El Yoga Tattva habla de detenerse 2 horas en algunos de los chakras para activar realmente el elemento.

Los beneficios de cada mantra semilla son, según el médico ayurveda David Frawley: 

Lam da estabilidad, contentamiento, tranquilidad. Fortalece Venus y Marte y contrarresta efectos maléficos de Saturno.

Vam da movimiento, vibración, fluidez y fortalece Venus, Júpiter y la Luna.

Ram da poder y fuerza y fortalece el Sol, Marte y Ketu (planeta de la astrología védica). 

Yam da movilidad, velocidad y dirección y fortalece Mercurio.

Ham brinda amplitud, fuerza y penetración. Fortalece Mercurio y Júpiter.

OM está asociado con el Sol y los aspectos más sutiles y espirituales.

Todos estos beneficios se pueden expandir de manera analógica entendiendo las características asociadas a cada elemento y buscando su asociación con diferentes partes del cuerpo, órganos, sistemas y demás. 

Por último, puede resultar útil abundar sobre la entonación apropiada de OM dentro de la práctica y su significado. La sílaba OM, en este caso, debe pronunciarse antes -al inicio de toda práctica- y al final en el recorrido ascendente de los chakras. OM en realidad está compuesto por las vocales sánscritas A, U y M. El filósofo Evan Thompson en su libro Waking, Dreaming, Being, explica los componentes de OM según la famosa relación que hace el Mandukya Upanishad:

A expresa el estado despierto, un sonido áspero producido por la boca bien abierta. U expresa el estado de sueño, un sonido sutil producido con la ayuda de los labios y M expresa el sueño profundo, con labios cerrados. Reverberando en la garganta mmm vocaliza el gozo de la conciencia sin sueño del sueño profundo... El cuarto no tiene fonemas constituyentes. Podemos pensar en él como el silencio del cual todos los sonidos emergen o como la unión de los tres fonemas en una sílaba: OM, expresando la unidad de los tres estados en la única conciencia no-dual.

La tradición védica dividió los estados de conciencia en tres apartados y un cuarto que los trasciende y a la vez los absorbe y engloba. La A corresponde a la vigilia, la U al estado de sueño y la M a los sueños profundos. Pero la tradición indica que AUM en realidad tiene cuatro medidas, el cuarto es el silencio del Brahman, o el también llamado turiya, el cuarto estado que engloba a todos los demás, que es el de la conciencia no-dual absoluta, el estado en el cual no existe diferencia entre atman y Brahman, entre el ser individual y Dios. 

Seguramente, una de las mejores explicaciones de cómo cantar OM y su significado esotérico puede encontrarse en la obra de Mark Dyczkowski, uno de los principales expertos que existen actualmente en el tantrismo shaiva. En este video Mark explica cómo entonar las tres medidas de OM y cómo seguir con la respiración el silencio de la cuarta medida del mantra (que no tiene medida), la cual sube al Brahman. En el minuto 28:00, Mark explica exactamente la forma correcta de cantar OM. Esta es la meditación que pone en práctica la famosa frase del Maduka Upanishad: "Om es el arco, la flecha es el ser individual [atman], el blanco es es Brahman".

 

Chögyam Trungpa Rinpoche, consciente de los peligros pero también de las cualidades del alcohol, escribe sobre cómo utilizar alquímicamente esta sustancia, algo que sólo puede hacerse con cierta madurez y dominio de la atención

Chögyam Trungpa Rinpoche fue el maestro tibetano que primero trajo el budismo tántrico a Estados Unidos. Trungpa fundó una universidad (Naropa, en Colorado), fue maestro de importantes artistas y celebridades (entre ellos Allen Ginsberg) y, como quizás ningún maestro budista antes ni después, entendió la mentalidad occidental y acopló a ella las profundas enseñanzas del vajrayana (budismo tántrico). Trungpa dominó con sutileza el inglés, experimentó con la pintura, la poesía y los arreglos florales, se vistió como un elegante dandy (generalmente de traje) e incorporó algunos de los hábitos de la sociedad occidental -como fumar y beber alcohol. Aunque esto ha sido sumamente controversial, sus alumnos -algunos de los cuales son destacados maestros budistas actualmente, como Pema Chödrön- mantienen que todo eso fue sólo un medio hábil para poder vincularse de manera más íntima con ellos, para establecer un puente comunicativo entre la mente sublime de un maestro realizado y jóvenes estadounidenses confundidos por el materialismo espiritual y los fatuos sueños de una estéril revolución psicodélica.

El texto que presentamos a continuación aparece como el décimo capítulo del libro The Heart of the Buddha: Entering the Tibetan Buddhist Path. Hay que precisar que este texto contiene una gran sutileza y está lleno de ironía, por lo cual debe leerse con cuidado, no tomarse literal, y reflexionar en torno a él. Trungpa escribió esto hace unos 40 años; sin duda, los hábitos han cambiado. Los millennials, por ejemplo, al parecer beben menos y tienen también menos sexo. El alcohol como lubricante social quizás ya no tiene el mismo protagonismo -hoy se utilizan las redes sociales para crear esta primera apertura. En Estados Unidos, los jóvenes parecen preferir fumar marihuana a beber alcohol (beber alcohol es más peligroso para la salud, y provoca muchas más muertes) (pero, paradójicamente, las personas que beben alcohol viven más en promedio que las que no beben nada de alcohol). Por otro lado, el alcohol ha sido utilizado por innumerables culturas dentro de un contexto ritual o festivo, y ha sido laudado y exaltado por grandes artistas, místicos y demás. El alquimista y erudito mallorquín Raimundo Lulio, una de las mentes más brillantes del período prerrenacentista europeo, consideró que el alcohol (aqua-ardens) era la quintaesencia. Lulio fue uno de los primeros en destilar alcohol, extrayéndolo del vino. En la alquimia y en la medicina el alcohol jugaría un papel importante, al fijar una esencia o "capturar un espíritu"; y en la alquimia, el término "alcohol" llegó a significar "espíritu rectificado". Luego conoceríamos popularmente a las bebidas destiladas como "espíritus". Otra etimología, quizás la más aceptada, mantiene que viene del árabe "kohl", un polvo metálico utilizado como delineador de los ojos. Otros trazan la etimología al árabe "al-ḡawl": "efecto maligno", "espíritu" o "demonio"; de aquí viene la palabra inglesa "ghoul", que significa genio, demonio o espíritu. El alcohol parece oscilar en esta fina balanza entre el veneno y la medicina, entre lo diabólico y lo divino.

Trungpa escribe desde la perspectiva del budismo tántrico. Para los tibetanos la perspectiva tántrica es una visión sublime de la realidad que requiere de una enorme madurez espiritual, especialmente porque se basa en la trascendencia de la dicotomía bueno-malo, sujeto-objeto. No renuncia al mundo ni se protege de las cosas que pueden afligir a la mente inmadura; va más allá la dualidad de utilizar antídotos para contrarrestar efectos negativos -con esto se acerca a la alquimia y a la homeopatía. ¿Es bueno o malo el alcohol? Evidentemente, ni uno ni otro -depende de cómo se use, y, sobre todo, depende de la persona que bebe y de su estado de conciencia y entendimiento. Beber puede ser también una forma de practicar (dentro de una tradición espiritual o contemplativa), pero se requiere hacerlo con una clara intención y con una insoslayable atención. Esto requiere una gran madurez, según Trungpa, ya que el alcohol produce una mezcla de jovialidad expansiva y depresión, y para mantenerse atento y ecuánime hay que atender a las dos y no aferrarse sólo a una. Asimismo, es muy común que algunas personas crean, engañados por su ego, que su estado de conciencia es similar al de un maestro tántrico y entonces tendrán licencia de usar cualquier sustancia argumentando que todo tiene un mismo sabor no-dual, que toda experiencia es igualmente sagrada y que están más allá de toda dicotomía. Sobra decir que la gran mayoría de las personas, de hacer esto, estarían viviendo una delirante fantasía. Es necesario tener cierta humildad y no perseguir el placer y huir del dolor para poder beber conscientemente. Trungpa, quien demuestra un gran entendimiento de los efectos y engaños del alcohol (y de la psicología del bebedor), parece decirnos que debemos evitar beber para sedarnos, escapar a otra realidad o matar el tedio. Y que podemos beber en ocasiones de manera consciente, sin culpa, utilizando una cierta cualidad del alcohol, que nos hace estar en el presente, que llama nuestra atención a la sensación inmediata que se produce en el cuerpo y en la mente. Observar este efecto y estar atento a las sensaciones es una manera de beber conscientemente y atender al "espíritu" que se mueve en nosotros; paradójicamente, el alcohol puede aterrizarnos -esto es lo que hace en término alquímicos, fija el espíritu volátil. Por supuesto, si nos distraemos, este espíritu, este genio en la botella, rápidamente puede convertirse en demonio.

 

El alcohol como veneno o medicina

La naturaleza del hombre es buscar comodidad y entretenerse a sí mismo con todo tipo de placeres sensuales. Desea un hogar seguro, un matrimonio feliz, amigos estimulantes, comida deliciosa, ropa fina y buen vino. Pero la moralidad generalmente enseña que esta forma de indulgencia no es buena; debemos concebirnos a nosotros mismos de una forma más amplia. Debemos pensar en nuestros hermanos y hermanas que carecen de estas cosas; en vez de caer en la autoindulgencia, debemos ser generosos y compartir lo que tenemos con ellos. El pensamiento moralista tiende a ver al alcohol como perteneciente a la categoría de excesiva autoindulgencia; incluso puede que vea al alcohol como una actividad burguesa. Por otra parte, aquellos que gustan de beber obtienen una sensación de bienestar del alcohol que les permite ser más amables y abrirse con sus amigos y colegas. Sin embargo, incluso estos, generalmente albergan algún tipo de culpa por beber; temen que pueden estar abusando de sus cuerpos y se sienten deficientes en amor propio.

Hay un tipo de bebedor que trabaja duro en el día, haciendo pesadas labores o algún tipo de oficio físico. Este bebedor gusta de llegar a casa y tomar un trago después del trabajo o alzar una copa o dos en una animada congregación en un bar. Luego hay algunos bebedores más gentiles -como ejecutivos y hombres de negocios- que habitualmente crean una atmósfera de convivencia y jovialidad en sus relaciones abriendo botellas. Estos últimos tienden más a tener un sentido oculto de culpa que sus hermanos proletarios que celebran el fin de la jornada. De cualquier manera, invitar a alguien a beber parece tener más vida que invitar a alguien a tomar un té. Otras personas beben para matar el aburrimiento, misma razón por la cual algunos fuman. Un ama de casa que ha terminado de barrer o de lavar, a veces puede tomar una gotas mientras que contempla la decoración u observa las últimas revistas de moda. Cuando el bebé llora o suena el timbre, tal vez tome un shot antes de enfrentar la situación. El trabajador de oficina aburrido tal vez mantenga una ánfora en su escritorio para poder tomar un trago entre las visitas de su jefe o de su secretaria. Tal vez busque alivio del tedio con una visita a un bar a la hora de la comida. Las personas que toman en serio al alcohol se relacionan con él como un refugio del ajetreo existencial; pero también temen que se pueden convertir en alcohólicos. En estas situaciones psicológicas hay un amor y odio en el estilo de beber, el cual se mezcla con una sensación de adentrarse en lo desconocido. En algunos casos este viaje a lo desconocido podría haber producido antes una claridad, la cual, en la presente situación, sólo puede enfrentarse a través de la bebida. De otra manera, esa claridad se vuelve demasiado dolorosa. Uno de los problemas que enfrentan los bebedores convencidos es ser acosados por la visión moralista del alcohol, la cual presenta la cuestión artificial de si uno debería beber o no. En el trance de esta cuestión, uno busca reforzamiento entre los amigos. Algunos pueden unirse a beber libremente. Otros tendrán definitivamente reservas sobre cuándo y cómo beber. El verdadero bebedor siente que esas personas son amateurs, ya que nunca se han relacionado de todo corazón con el alcohol. Comúnmente sus reservas son sólo convenciones sociales: de la misma manera que el lugar para estacionar el coche es el estacionamiento, así también uno sabe cuál es el punto adecuado después del cual uno ya no debería beber. Está bien beber mucho en fiestas o cenas testimoniales siempre y cuando uno beba con la propia esposa o esposo y se vaya a casa en taxi.

En realidad, parece que hay algo equivocado en este acercamiento al alcohol basado solamente en la moralidad y en la conducta social. Los escrúpulos implicados tienen que ver sólo con los efectos externos que tiene beber. El verdadero efecto del alcohol no es considerado, sólo su impacto en el formato social. Por otro lado, un bebedor  siente que hay algo valioso en beber, más allá del placer que obtiene por hacerlo. Existe una calidez y una apertura que parecen provenir de relajar el autocontrol y la autoconciencia. También existe una cierta confianza de poder comunicar adecuadamente las percepciones, lo cual cancela la sensación común de ser inadecuados. Los científicos notan que pueden solucionar sus problemas; los filósofos tienen nuevas introspecciones; y los artistas descubren percepciones claras. El bebedor siente más claridad porque siente con mayor realidad lo que es; por lo tanto, sus fantasías y elucubraciones pueden hacerse a un lado. Parece que el alcohol es un veneno débil, que puede transmutarse en una medicina. Una antigua fábula persa habla de cómo el pavo real se alimenta del veneno, lo cual nutre su sistema y hace que brille su plumaje. La palabra whiskey viene del gaélico uisgebeatha, lo cual significa "agua de la vida". Los daneses tienen su aquavit. La papa rusa produce vodka, "pequeña agua". Estos nombres tradicionales sugieren que el alcohol puede usarse sin daño y que quizás tiene propiedades medicinales. De cualquier manera, el poder del alcohol ha afectado las estructuras sociales y psicológicas en gran parte del mundo a lo largo de la historia. En el misticismo de la India, tanto hindú como budista, el alcohol es llamado amrita, la poción inmortal. Birwapa, un siddha indio, logró la iluminación cuando tomó siete galones de licor una tarde. El Sr. Gurdjief, un maestro espiritual que enseñó en Europa, habló de las virtudes del "beber conscientemente" e insistió en que sus alumnos practicaran el beber conscientemente entre ellos. 

Beber conscientemente es una demostración real y obvia del poder de la mente sobre la materia. Nos permite relacionarnos con las varias etapas de la intoxicación: experimentamos nuestras expectativas, una delicia casi maléfica cuando los efectos empiezan a sentirse, y la ruptura final de la frivolidad en la que las fronteras habituales se empiezan a disolver. Sin embargo, el alcohol puede fácilmente pasar de una medicina a un tónico mortal. La sensación de jovialidad y expansiva cordialidad puede seducirnos y hacernos perder nuestra atención. Afortunadamente, existe una cierta depresión que viene con beber alcohol. Existe una fuerte tendencia a aferrarse a la cordialidad e ignorar la depresión; este es el instinto mecánico. Y es un gran error. Si tomamos alcohol simplemente como una sustancia que nos alegrará o nos hará aflojar como un sedante, se convierte en algo extremadamente peligroso. Esto ocurre con el alcohol y con cualquier otra cosa en la vida con la que nos relacionamos sólo parcialmente [debemos enfrentar, siempre, también la sombra de las cosas]. Existe una enorme diferencia entre el alcohol y otras sustancias embriagantes. En contraste con el alcohol, sustancias como el LSD, la marihuana y el opio, no traen consigo una depresión simultánea. Si esta depresión ocurre, es sólo de naturaleza conceptual. Pero con el alcohol, siempre hay síntomas físicos, ya sea cambio de peso, pérdida de apetito, una sensación creciente de pesadez (que incluye las resacas), etc. Siempre se mantiene la sensación de que uno sigue teniendo un cuerpo. Psicológicamente, la intoxicación del alcohol es un proceso de ir hacia abajo, a diferencia de subir hacia el espacio, como ocurre con otras sustancias. Ya sea que el alcohol se vuelva veneno o medicina, esto depende del nivel de atención que uno tiene cuando bebe. Beber conscientemente, permaneciendo atento al propio estado mental, transmuta los efectos del alcohol. Aquí el estado de atención involucra un incremento de la vigilancia del propio sistema como un inteligente mecanismo de defensa. El alcohol se vuelve destructivo cuando uno se entrega a la jovialidad -bajar la guardia hace que los venenos entren en el cuerpo.

El alcohol puede ser un buen campo de prueba. Trae a la superficie el estilo latente de las neurosis del bebedor, el estilo que habitualmente oculta. Si sus neurosis son fuertes y ocultas habitualmente en la profundidad, luego suele olvidar lo que pasó cuando estaba borracho o se avergüenza demasiado como para recordarlo. La creatividad del alcohol inicia cuando hay una sensación de bailar con su efecto -cuando uno toma los efectos con sentido del humor. Para el bebedor consciente o el yogui, la virtud del alcohol está en que lo lleva a la realidad ordinaria, así que uno no se disuelve en un estado meditativo de no-dualidad. En este sentido el alcohol actúa como un elixir de la larga vida [puesto que el yogui necesita algo que lo haga adherirse al cuerpo]. Aquellos que están demasiado involucrados con la sensación de que el mundo es un espejismo o una ilusión, deben ser sacados de su meditación a un estado de no meditación para relacionarse con las personas. En este estado, las apariencias, los sonidos, los olores del mundo se vuelven de sobremanera conmovedores y humorísticos. Cuando el yogui bebe, es su forma de aceptar el mundo dualista de la experiencia ordinaria. El mundo requiere de su atención -de su relacionarse con- y de su compasión. Se alegra y divierte por tener esta invitación para comunicarse. Para el yogui, el alcohol es combustible para relacionarse con sus estudiantes y con el mundo en general, de la misma manera que la gasolina permite que un automóvil se relacione con el camino. Pero, naturalmente, el bebedor ordinario que trata de emular este estilo trascendental de beber convertirá el alcohol en veneno. En las enseñanzas hinayana del budismo, se registra que el Buda reconvino a un monje por meramente saborear una hoja de pasto remojada en alcohol. Hay que entender que el Buda con esto no estaba condenando los efectos del alcohol, sino condenando la atracción hacia él, involucrarse con él como una tentación. El concepto del alcohol como una tentación diabólica es muy cuestionable. Cuestionar esta concepción conlleva una incertidumbre sobre si el alcohol está ligado al mal o al bien. Esta incertidumbre puede crear en el bebedor una sensación de inteligencia y carencia de medio. Lo lleva a relacionarse con el momento presente tal como es. Voluntad e inteligencia sin miedo ante lo inmediato y frente a lo desconocido son la energía básica de la transmutación que es descrita en la tradición tántrica budista. En el Guhyasamaja Tantra, el Buda dice: "Aquello que intoxica a la mente dualista es, de hecho, la pócima natural de la inmortalidad". En el tantra budista, el alcohol se utiliza para catalizar la energía fundamental de la intoxicación; esto es, la energía que transmuta la dualidad del mundo de las apariencias en advaya -"no-dos". Así, la forma, el olor, el sonido pueden ser percibidos literalmente como son, dentro del reino de mahasukha, la gran dicha. El Chakrasamvara Tantra dice: "Sólo con dolor y sin placer, uno no puede liberarse. El placer existe dentro del cáliz del loto. Esto el yogui debe nutrir". Esto coloca gran énfasis en el placer. Pero la comprensión del placer viene de relacionarse abiertamente con el dolor.   

El alcohol trae consigo una euforia que parece ir más allá de las limitaciones; al mismo tiempo trae también la depresión de saber que uno sigue en el cuerpo y que las propias neurosis siguen pesando. Los bebedores conscientes pueden tener un vislumbre de ambas polaridades. En el misticismo tántrico, el estado de intoxicación es llamado el estado de no-dualidad. Esto no debe entenderse como una seducción que nos cautiva -y, sin embargo, un vislumbre del orgasmo cósmico de mahasukha es posible para el bebedor consciente. Si uno se abre lo suficiente como para eliminar la mezquindad del apego a la propia liberación aceptando la noción de libertad [es decir, que uno ya es libre tal como es], en lugar de dudar de ella, uno logra los medios hábiles y la sabiduría. Esto es considerado el más alto intoxicante. 

 

Twitter del traductor: @alepholo