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Robots sexuales, ¿la nueva tendencia de la sexualidad en el mundo moderno?

Sociedad

Por: PijamaSurf - 10/22/2017

Cuando se habla de sexualidad, es difícil delimitar lo normal y anormal, lo correcto e incorrecto

Con el paso de los años, la inteligencia artificial se ha modernizado y se han diversificado tanto sus usos como sus prácticas. Algunos de ellos se relacionan con polémicas y situaciones que vulneran los derechos humanos; otros, con avances con fines médicos, tecnológicos y humanitarios. Al enfocar la atención hacia los robots sexuales, ¿se trataría de un riesgo de los derechos sexuales o un apoyo a la diversidad sexual?

Cuando se habla de sexualidad, es difícil delimitar lo normal y anormal, lo correcto e incorrecto. Sin embargo, tomando en consideración algunas variables se puede realizar una guía útil para lograrlo; por ejemplo: la primera, el contexto cultural, temporal y la historia de vida, que permite comprender la diversidad sexual –orientación sexual,  identidad de sexo/género y las prácticas sexuales– de cualquier persona; y la segunda, los derechos sexuales, que “se basan en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos e incluyen un compromiso referente a la protección del daño” (WAS, 2008).

Por ello, utilizando esta guía, surgen dos posiciones contrarias respecto de los robots sexuales:

Por un lado, las empresas encargadas de construir y comercializar estos juguetes eróticos, como Roxxxy TrueCompanion o Abyss Creations, defienden la idea de que se trata de una alternativa para personas –principalmente hombres– con dificultades para interactuar e intimar con mujeres. De este modo no sólo se permite gozar de los adelantos tanto científicos como tecnológicos mediante muñecas  sexuales hiperrealistas de silicona con IA, sino también del derecho a la privacidad y al grado máximo alcanzable de salud sexual –con experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras. Además, se trata de una industria que equivale 30 mil millones de dólares al año, permitiendo un mayor desarrollo tecnológico a favor de la salud sexual de los individuos.

Por otro lado, investigadores y activistas enfocados en la salud sexual han comenzado a cuestionarse las desventajas –frente a las contables ventajas– de los robots sexuales. De acuerdo con esta ola en contra de las muñecas sexuales con IA, la presencia de éstas afecta la manera en que los seres humanos interactúan entre sí, pues el vínculo se convierte en una relación de propietario-objeto en donde la simulación del consenso mutuo de los humanos desaparece. Y como si se tratase de una versión alterada de Blade Runner (2017), el sexo con robots puede extenderse a una interacción egoísta en la que el problema social del dueño continúa profundizándose en una espiral y a una sociedad con mayores problemas interpersonales como resultado de una desconexión entre los individuos. En consecuencia, la gran incógnita sobre la que esta ola invita a reflexionar tiene que ver con la práctica sexual de algunas personas que encuentran deseable una pareja sin autonomía, como si de una violación se tratase. ¿Es esta la práctica que podría normalizarse con la normalización misma de este tipo de sexo?

La realidad es que el consumo de los robots sexuales forma parte del derecho al grado máximo alcanzable de salud, la cual debe incluir la salud sexual que comprende experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras; no obstante, ¿qué pasaría si esta práctica simula la tortura o el trato cruel, inhumano o degradante hacia el ser humano? Hay quienes dicen que sería necesario, en este caso, insistir en una educación integral de la sexualidad, como una guía con un enfoque positivo de la sexualidad y el placer.

 

28 tareas para los hombres que harán un mejor mundo para las mujeres

Sociedad

Por: pijamasurf - 10/22/2017

Hombre: atrévete a cuestionar tus privilegios de género

Especialmente en las últimas semanas, el reclamo de las mujeres por vivir en una sociedad verdaderamente equitativa ha tomado una notoriedad importante. 

En Estados Unidos, la indignación desatada por el despreciable comportamiento del productor de cine Harvey Weinstein –quien durante décadas se sirvió de su influencia en Hollywood para abusar de jóvenes actrices y modelos– provocó también otras reacciones en otros lugares del mundo e incluso en esa zona en cierta forma sin fronteras que es la realidad digital, en donde los hashtags #metoo (“yo también”) y #balancetonporc (que podría traducirse como “exhibe a ese puerco”) coincidieron en redes sociales para denunciar situaciones de acoso sexual sufridas en el lugar de trabajo o en otros contextos.

En esta coyuntura, The Guardian publicó una columna en la que Nicole Silverberg, escritora y comediante, enlista 28 acciones que los hombres deberían poner en práctica si de verdad quieren hacer de este un mundo en donde ser mujer no tenga por qué ser una desventaja. 

Las traducimos a continuación. El original puede encontrarse en este enlace.

Imagen: Kaye Blegvad

Habla con ese amigo del trabajo que es "raro" con las mujeres.

No interrumpas a una mujer que está hablando.

Cuando te des cuenta de que otro hombre interrumpe a una mujer que hablaba, señálalo: “¡Oye! Ella estaba diciendo algo”.

Si te piden sumarte a un equipo de trabajo y ves que todos los integrantes son hombres, di algo. ¡Incluso declina participar!

¡Aprende a leer un maldito espacio!

No llames a una mujer “loca” en un ambiente profesional.

No uses tu “feminismo” como una estrategia para hacer que las mujeres confíen en ti. Demuéstralo en tu vida cotidiana, no en la autocomplacencia de tus redes sociales.

No toques a mujeres que no conoces y, honestamente, pregúntate por qué sientes la necesidad de tocar a las mujeres en general.

¿Sientes como si cada mujer en el mundo te debiera algo? No es así. Incluso si eres de los que piensan que “al menos respeto”, pregúntate si tú las respetas de la misma manera.

No envíes fotos de tu pene a menos que la mujer con la que hablas te las pida.

Si una mujer te dice NO a una cita, no le pidas una de nuevo.

Si una mujer no dio un SÍ entusiasta a la idea de tener sexo, ¡no intentes más!

Si una mujer está sumamente alcoholizada, no puede consentir a hacer algo que le propones ni puede consentir ante ese amigo tuyo que intenta hacer algo con ella. Tu amigo también es tu responsabilidad, así que dí o haz algo al respecto.

Si haces lo correcto no esperes elogios, recompensas, una palmada en la espalda y ni siquiera un agradecimiento. Enhorabuena: pudiste mantenerte en la linea de lo decente.

Involucra a mujeres en tus proyectos creativos y permite que participen de manera equitativa.

No repitas chistes misóginos.

No esperes que las mujeres sean “lindas” o “bonitas” y no te sientas defraudado si no son así.

No uses la manera de vestir de una mujer para hacer presunciones sobre su inteligencia, sus capacidades o sus deseos.

Paga a las mujeres tanto como pagarías a un hombre,

Si una mujer te dice que arruinaste algo y te sientes devastado, no intentes desquitarte con ella para sentirte mejor. Discúlpate sin restricciones y vete.

No castigues a una mujer por ser testigo de tu vulnerabilidad.

No te pongas a la defensiva cuando seas señalado.

No tienes que, literalmente, mirar a un hombre ser horrible con una mujer para creer que es así. Confía y cree en las mujeres.

No uses tu posición de poder para obtener atención, compañía, sexo, etc., de las mujeres.

Haz consciente tu posición de poder inherente en ciertas situaciones y úsala para proteger a las mujeres (en especial, hablando con otros hombres).

Deja de pensar que porque tú también eres marginado o un sobreviviente no puedes por ello infligir dolor u oprimir a las mujeres.

Si el dolor de las mujeres te hace sentir dolor, no pongas el tuyo por encima del de ellas, ni hagas de tu dolor un problema de ellas.

No leas una lista como esta pensando que la mayoría de los puntos no aplican contigo.

 

Si eres hombre y llegaste al final de esta lista, sólo agregamos una última recomendación: atrévete a interrogar tus privilegios como hombre. Es cierto: no es algo que pediste, sino que simplemente se te da. Pero es algo que puedes rechazar o, como dice Silverberg en uno de sus puntos, recalibrar para ponerlo al servicio de la equidad. Y, por una vez en tu vida, no esperes que esa actitud te sea reconocida.