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Ni pérdidas ni ganancias: esta parábola nos recuerda que la vida es más rica fuera de la dualidad (VIDEO)

Filosofía

Por: pijamasurf - 02/04/2018

Una fábula contada por Alan Watts sobre la falsa dualidad entre pérdida y ganancia, buena y mala suerte

Parte de nuestra cultura nos inclina con frecuencia e intensidad al pensamiento dual, esto es, a  pensar y experimentar la realidad desde premisas que implican dos términos opuestos y excedentes entre sí: lo bueno y lo malo, el éxito y el fracaso, la vida y la muerte, etc. En Occidente estamos especialmente habituados a codificar así la realidad, y mucho del sistema y la cultura en que vivimos lo fomenta.

Ciertas escuelas de pensamiento nos invitan a vivir y entender la vida con mucha menos rigidez y, en cambio, darnos cuenta de que es propio de la existencia presentarse con matices. De hecho, esa es la esencia de la vida: es tan amplia, tan llena de circunstancias, tan impredecible, que difícilmente puede ajustarse a los límites estrechos de una noción absoluta.

El video que ahora compartimos es una preciosa muestra de por qué la vida desborda fácilmente el pensamiento dual. Se trata de una historia tradicional china contada por Alan Watts, el filósofo de origen británico que sobre todo en la segunda mitad siglo XX difundió las enseñanzas del budismo zen.

Grosso modo, la parábola nos recuerda lo difícil que es hablar de ganancias o pérdidas cuando se intenta hacer un balance de la vida, pues el cambio propio de ésta puede trasnsformar un suceso afortunado en uno desafortunado y viceversa.

La mente dual nos dirá que esto es un contrasentido, o que vivir de ese modo es caer en cierta forma del relativismo o del nihilismo en donde nada importa pues todo es impredecible. Sin embargo, no se trata de eso, sino de intentar entender que la única forma de navegar el flujo de la vida es poniendo atención a las circunstancias presentes, experimentando a cabalidad el instante y actuando en función de eso, sin temor a la pérdida ni ansiedad por la ganancia. 

Sólo aquí y ahora, con las manos abiertas para aceptar los dones de la vida pero también para dejar ir lo que nos pide a cambio.

 

*Te recordamos que puedes usar la función "Subtítulos" de YouTube para activar éstos y después la opción "Traducir subtítulos" en el menú Configuración para tenerlos en español.

 

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Si logras entender y aplicar estas palabras de Epicteto en tu vida, evitarás mucho sufrimiento innecesario

Filosofía

Por: pijamasurf - 02/04/2018

La filosofía estoica invita al ser humano a vivir en austeridad, templanza y un examen continuo de nuestras acciones, nuestros deseos y nuestros pensamientos

La filosofía estoica ha cobrado cierta relevancia en tiempos recientes que, en cierta forma, es inesperada. Si de por sí la filosofía en general ocupa un lugar más bien marginal en nuestras sociedades contemporáneas, de todas las escuelas de pensamiento ha resurgido una que, en su momento, invitó al ser humano a vivir en austeridad, templanza y un examen continuo de nuestras acciones, nuestros deseos y nuestros pensamientos. 

Pero quizá si miramos esta suma de cualidades a luz de la hiperestimulación placentera en que vivimos, la producción y el consumismo económicos incesantes y la imposibilidad aparente de hacer una pausa para reflexionar sobre lo que hacemos, entonces puede ser que el estoicismo haya resurgido como un recurso del ser humano contemporáneo para de todos modos hacer eso que necesita: comprender el curso de su vida.

Es esta ocasión compartimos un fragmento en el que Epicteto, uno de los estoicos más célebres y destacados, expone con sencillez y claridad el que quizá sea el método más simple para evitarnos sufrimientos innecesarios en la vida, ese sufrimiento que advertimos cuando en medio de una situación de pronto nos preguntamos qué hicimos para llegar hasta ahí. En muchos de estos casos, esa adversidad se explica por un encadenamiento de circunstancias que sin embargo tienen un origen primero y único que Epicteto miró con lucidez. Veamos:

 

En cuanto a todas las cosas que existen en el mundo, unas dependen de nosotros, otras no dependen de nosotros. 

De nosotros dependen nuestras opiniones, nuestros movimientos, nuestros deseos, nuestras inclinaciones, nuestras aversiones; en una palabra, todas nuestras acciones. 

Las cosas que no dependen de nosotros son el cuerpo, los bienes, la reputación, la honra; en una palabra, todo lo que no es nuestra propia acción. 

Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas.

Las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes y enteramente ajenas. 

Recuerda pues que, si tú crees libres a las cosas por naturaleza esclavas, y propias a las que dependen de otro, encontrarás obstáculos a cada paso, estarás afligido, alterado y te quejarás continuamente de los dioses y a los hombres. 

En cambio si consideras lo que te pertenece como propio y lo ajeno como de otro, nunca nadie te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial. 

Aspirando entonces a tan grandes bienes, recuerda que tú no debes trabajar mediocremente para lograrlos y que, en lo que concierne a las cosas exteriores, debes enteramente renunciar a algunas y dejar otras para otro momento. Pues si buscas armonizarlas y ambicionas estos bienes y también riquezas y honores, quizá no obtengas ni siquiera estos últimos, por desear también los otros; y seguramente dejarás de alcanzar los únicos bienes que pueden darte libertad y felicidad.

Así, ante toda fantasía perturbadora, apresúrate a decir: “Tú no eres más que pura imaginación y nada de lo que parece”. Enseguida examínala con atención y ponla a prueba. Para ello sírvete de las reglas que tienes, principalmente con esta primera, procurando distinguir si esa idea pertenece a aquello que depende de ti o, por el contrario, forma parte de aquello que no depende de ti. Y si pertenece a aquello que no depende de ti, piensa sin titubear: “Esto en nada me atañe”.

 

Las líneas provienen de los fragmentos conservados de Epicteto que se han editado bajo los títulos de Máximas, Manual o Enquiridión; este último es el término en griego con que se conoce en los estudios especializados a la compilación de enseñanzas que realizó Flavio Arriano de Epicteto, su maestro, labor por la cual la filosofía de vida del estoico llegó a nuestra época. 

En español, la editorial especializada en literatura clásica y filosofía Gredos cuenta en su catálogo con el ejemplar Disertaciones por Arriano, pero igualmente circulan en Internet algunas versiones del texto digitalizadas en formato PDF.

 

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